ALEJANDRO, MI FIEL AMIGO

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Alejandro y su esposa Carmen en Octubre del 2015.

Estuve en España de Septiembre a Noviembre del 2015.  Pase una semana con mi amiga Laura y su linda familia en Calahorra, en donde les ayude a trabajar el campo piscando nuez y verdura. Aunque solo estuve con ella 8 días, pronto establecimos una rutina. Laura, por naturaleza, es una chica muy proactiva. Todas las mañanas me despertaba con el desayuno preparado. Nunca faltaba el riquísimo chorizo que su padre Alejandro prepara, para tener todo el año. Después nos arreglábamos y nos íbamos a dar la vuelta por el pueblo. Calahorra es una ciudad pequeña con  tan solo 24,000 habitantes. El centro es pequeño pero lindo, con el paseo siempre lleno de gente. Cosa que desagrada a Laura, por que no entiende cómo la gente puede malgastar su día!

En fin, después de ir a dar la vuelta nos íbamos directo con sus padres a almorzar. Y sin duda alguna, estos fueron los momentos más bonitos de todo el viaje para mi. Subíamos al piso de sus padres, y al entrar siempre nos estaba esperando Carmencita, su madre, con comida recién hechecita. De toda la comida que probé en España, nada se volvió a igualar al nivel de la comida de Carmencita! Ella insisto que el ingrediente secreto es el amor con el que cocina para su familia todos los días!

Siempre comenzaba con el pan y aceite de oliva en la mesa. Nos servía el primer plato, lentejas o una tortilla española, por ejemplo. Comíamos y yo disfrutaba de cada mordida! Nos retiraba el plato y nos servía el segundo plato. Un trozo de carne con un huevo o, quizás, pescado. Nos retiraba el plato y nos ofrecía postre. Sea un flan, yogurt o fruta. Lo mejor de estas comidas era cuando Alejandro, a escondidas, me ofrecía vino tinto.

Esa semana estuve enferma de la tos, y perdí la voz completamente. Así que estaba tomando medicamento. Mientras Carmencita me recordaba de tomar mi medicina cada ocho horas, Alejandro me servía vino! Y poco a poquito me pasaba la copa sin decir nada, y solo me cerraba el ojo! Carmencita, después que terminaba de servir, se daba cuenta! Le exclamaba a Alejandro: “¡Ay, la madre que te pario!” Y Alejandro casi siempre le decía, con las manos en alto y medio ofendido, “¿Pero, que he hecho yo?”

Y yo, solo le sonreía. Sin duda alguna, Alejandro fue mi más fiel amigo esos ocho días—el que me pasaba el vino a escondidas!

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